Mi madre siempre nos daba lo mejor a mi y a mi hermana Consuelo desde que nacimos. Cuando mi madre me tuvo, nací muy débil y los médicos dijeron que no sobreviviría pero mi madre creyó que con amor me curaría y por eso me tuvo en sus brazos hasta que conseguí salir de peligro.
Debido a la dedicación de mi madre, pudo traer a Víctor Macho (un escultor español de la época, precursor de la escultura contemporánea española), el cual se negó a darme clase por temor a perder mi talento. Por lo que al final me convertÍ en una escultora autodidacta.
Estoy haciendo obras, todavía sin acabar, como Maternidad, La niña que sonríe, Para toda la vida y Adán y Eva (estos títulos son provisionales). También empecé utilizando el tallado en piedra y recibí asesoramiento del pintor López Mezquita.
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