Al final, la exposición fue bastante bien aunque lo que hoy acontece no viene al caso. Mi hermana Consuelo y yo éramos admiradoras de Zenobia Camprubí, casada con Juan Ramón Jiménez.
En 1932, en un recital de ópera, el matrimonio y yo fuimos presentados por la austriaca Olga Bauer-Pilecka. Ahí quedé enamorada del poeta, el cual en ese momento tenía 51 años. Por otra parte quedaron deslumbrados con mi talento y me ofrecí a hacer un busto de Zenobia, el cual se convirtió en una de mis mejores obras, y después haría otro de Juan Ramón. Fui varias veces a casa del matrimonio para hacer el busto. Al final, a Zenobia no le gustaba el busto pero Juan Ramón dijo que lo acabase y Zenobia se mostró amable conmigo. Cada vez que golpeaba la piedra para hacer el busto me enamoraba más de Juan Ramón, y cuando acabe el busto, el poeta me recomendó ir a Francia a corregir mi arte.
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