Qué dulce es el amanecer del día último, ahora en mi casa ya no hay ventanas, ahora en la vida no quedan mis obras, ahora en ella solo habita la oscuridad, la oscuridad de no haber salida, pues mi cuerpo superfluo desaparecerá como desaparece un monumento a la intemperie, pero mi amor perenne se quedara con él en la eternidad, durará siempre y en hasta siempre se quedará.
Y es que…
Ya no puedo vivir sin ti
…no… ya no puedo vivir sin ti…
…tú, como sí puedes vivir sin mí
…debes vivir sin mí…”.
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